Opinión

¿Dónde jugarán?

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Un columpio invisible, otro con un tronco por asiento, una canal maltrecha, hierros oxidados, una simulación de barquito con el fondo quebrado y un muro perimetral caído por tramos, son la imagen de lo que un día fue el parque infantil de la comunidad de Casiguas.

Allí, donde años atrás resonaban las algarabías y las risas de los niños mientras jugaban, hoy quedan restos del área recreativa, punto de encuentro para las familias locales. En el estado actual, solo los alumnos de más edad de la Institución Educativa “Carlos de la Torre Huerta” hacen uso de algunos armatostes, que se resisten al paso del tiempo.

Para los visitantes puede que este sea un parque más que agoniza, pero a los vecinos la nostalgia y dolor los invade, al ver los vestigios del lugar donde ellos, sus hijos y hasta sus nietos, jugaron de pequeños.

La indisciplina social y el aplazamiento de los necesarios mantenimientos hacen mella en un espacio de esparcimiento de la localidad, donde no existen muchas opciones. Aún, cuando administrativamente deben adoptarse estrategias para financiar la reparación del parque, desde la comunidad pudieran surgir iniciativas, con la creatividad como ingrediente principal y desde lo endógeno devolverle la vitalidad a la instalación.

La labor desplegada en la supresión de los salideros existentes en la conductora que abastece el poblado, es una experiencia que bien pudieran replicar en la zona recreativa. El trabajo en equipo de los vecinos y el apoyo gubernamental pudieran ser la tabla de salvación del emblemático parque.

Otra alternativa, para retornar la alegría y los juegos al sitio, radica en el sector no estatal. El arriendo a un trabajador por cuenta propia, pudiera ser la tan aclamada solución en aras de restituir los bríos de antaño y quizás, marcar el comienzo de una nueva etapa, en la cual no tengamos que preguntarnos…

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