Jaruco

Junto a la línea férrea de Jaruco, produce la tierra.

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Bajo el fuerte sol de la mañana encontré a Fernando Rodríguez Rubio recogiendo habichuelas en su organopónico. A pocos metros de la línea férrea Jaruco en la localidad de La Cucaracha, el productor hace germinar la tierra, a golpe de trabajo y sudor.

FRR: “Esto estaba lleno de maleza, marabú por toda la franja de la línea que llega hasta Jaruco, y empezamos a limpiarlo con sacrificio. Nos embullamos y el año pasado hicimos un cantero de lechuga que se nos dio muy bien. En estos momentos, hemos sembrado un poco de habichuela. El terreno es bastante rocoso y aún quedan piedras, pero esa piedra que queda nos ayuda a retener la humedad en la tierra”.

Por el año 2020, Fernando comenzó a construir los primeros canteros.    

FRR: “Nosotros hacemos los canteros a mano y cuando vamos a surcar para los frijoles, utilizamos los caballos que tenemos y los arados preparados”.

Su rostro evidencia fatiga y desánimo, “la naturaleza no nos acompaña y los aguaceros de mayo no llegaron y con los cortes eléctricos no puedo regar” replica el labriego, con la vista fija en las plantas mustias por las altas temperaturas.

FRR: “Regamos el campo por la tarde o noche porque, por la mañana, con los calores que hay, el agua se evapora y las hojas se queman. A veces, la corriente llega a las 1:00 am y es necesario regar el campo en ese momento. Sin embargo, a veces uno se siente desmayado y no puede regar. Esperamos que mejore la situación”.

La aplicación de técnicas agroecológicas, favorece los rendimientos y mejora la calidad de los suelos en explotación.

FRR: “En la agricultura urbana, cuando buscamos materia orgánica, nos lleva un viaje en un tractor y, hasta ahora, estamos muy satisfechos con eso. Porque eso fertiliza bien en la tierra y, como pueden ver, está bastante bonita la habichuela”.

A pesar de que no pocos dudaron de que en aquellas tierras olvidadas crecieran las hortalizas y otros cultivos, con empeño y dedicación logra autoabastecer a la familia y comercializar el excedente.

FRR: “Hemos sembrado maíz, melón castilla y frijoles”.

Mientras dialogábamos de raíces campesinas y amor al terruño, Fernando levanta la mano y señala las vainas de habichuelas, las cuales recolecta para semilla.

FRR: “La semilla nunca ha tenido que salir a buscarla a ningún lado. Yo guardo la semilla de la habichuela en el refrigerador de la casa durante dos o tres años, igual que la lechuga. Las tiras en la tierra como el primer día y hago el mismo proceso con todas las demás semillas”.

Cada mañana, Fernando Rodríguez Rubio prepara su caballo y se dirige hacia su organopónico. A pesar de los obstáculos continúa a pie de surco apostando por la producción.

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