Hugo Chávez: nadie piensa que se ha ido…

No podía dejar pasar esta semana sin hablar de Hugo Chávez Frías, el eterno comandante de la República Bolivariana de Venezuela. Cuando pienso en personas como él, como Eduardo Galeano o Alina Rodríguez me pregunto, por qué la muerte tuvo que llevárselos tan pronto cuando tanta necesidad tiene la Tierra de sus luces.


Este 28 de julio Chávez hubiese cumplido 61 años de edad. El aniversario fue celebrado en Caracas con un pastel gigante, música, poemas y canciones, y estoy segura que desde algún sitio misterioso y perfecto donde se resguardan los buenos espíritus, él entonó esas melodías llaneras que hablan del amor, del mundo y la esperanza.


Recuerdo la jornada que cerró su última campaña presidencial. Llovía. El agua empapaba todo su cuerpo, pero él seguía hablando al pueblo. La gente más fascinada que nunca con su verbo, se quedó allí y hasta disfrutó de aquel aguacero bendito.


En esos días ya la muerte o quizás los dioses se había enamorado de  Chávez. Creo que ni sus enemigos llegaron a odiarlo. Es que Chávez fue de esos seres iluminados que solo de vez en vez pasan por el mundo. El rastro de bondad y humanismo que dejó a su paso lo hará perdurar para todos los tiempos en la memoria colectiva del humanidad.


Él puso pan en la mesa de los pobres, cubrió sus cabezas con un techo nuevo, los resguardó del frío, alivió sus dolores, sanó sus cuerpos de rencores, avivó sus espíritus, les enseñó a mirar el mundo, a andar y a creer. Su generosidad como hombre y su talento como político se mide en más de una veintena de misiones sociales inscritas hoy su mejor obra.


Él recibió a una Venezuela sangrando por todos lados. Apuñalada por los monopolios capitalistas chupasangre, su tierra, rica en recursos naturales, era el festín y la mesa donde contaban los poderosos sus ganancias. Abismales diferencias sociales sembraban el desamparo, el miedo y la tristeza en millones de personas. Y Chávez cambió todo eso.


La historia de la tierra de Bolívar quedó dividida en dos partes; antes y después de Chávez. Es cierto que queda mucho por hacer para barrer tantos siglos de miserias y abandono, pero sin dudas hoy Venezuela brilla por tantas nuevas casas edificadas, por las miles de personas que aprendieron a leer, escribir y crecer, porque muchas de las riquezas de su tierra pertenecen por fin a todos.


En Venezuela casi nadie habla hoy de su ausencia, más bien riegan cada semilla que plantó su padre, como le llaman todavía. A veces en más de un rostro asoma alguna lágrima, pero solo es el sinónimo de la nostalgia, porque como dice la canción, nadie piensa que se ha ido.

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