Antonio Maceo: orgullosos de ser tu compatriota

El 7 de diciembre es una fecha marcada en la historia de Cuba por varias razones, una de ellas es la caída en combate del Lugarteniente General, Antonio Maceo, durante la llamada por Martí “Guerra Necesaria“ que había comenzado el 24 de febrero de 1895.

 

La invasión a Occidente tenía en jaque a las fuerzas españolas y Maceo se disponía a encarrilar su rumbo a la mismísima capital del país. Era diciembre 7, y corría el año 1896, y allá en las cercanías de Punta Brava, finca de San Pedro todo el campamento mambí fue sorprendido por una columna española, en medio de la sorpresa cayó mortalmente herido el Titán de Bronce, uno de los hombres y militares más valientes y audaces de Cuba y me atrevería a decir del mundo sin pecar de chovinista.

 

Aquel día también murió su ayudante personal, Francisco Gómez Toro, “panchito” el hijo de Máximo, quien fracasó en el intento de rescatar a su jefe y mortalmente herido intentó suicidarse pero antes quiso escribir una nota a su padre y no pudo pues fue rematado cobardemente por los españoles.

 

Pero Antonio Maceo y Grajales, fue mucho más que un hombre, y un militar de carrera para Cuba y su gente, dejó huella a fuerza de ejemplo, trascendió a su generación y ahí está su mayor mérito, es fuente de inspiración perenne, y cuando vivimos tiempos difíciles y toca tomar decisiones importantes siempre contamos con él, con su histórica postura de Baraguá en la gran protesta que salvó la Guerra de los Diez años, hecho que al decir de José Martí es de lo más glorioso de nuestra historia.

 

Maceo murió como vivió, pelando por ver a Cuba libre, sin miedo, de frente al enemigo y machete en mano, su cuerpo se llevó casi una treintena de heridas de guerra que probaron su valor y arrojo en el combate, nunca se escondió, siempre era el primero en cargar al machete.


Hoy los cubanos seguimos recordando a un hombre así, trascendental, único, que inspiró a sus hombres desde el campo de batalla, pero no equivocarse poseía una gran cultura y conocimiento, y que ha inspirado después de su caída en combate a varias generaciones de cubanos que aún mantiene firme la intransigencia revolucionaria de Antonio Maceo en los mangos de Baraguá.

 

Los hombres como Antonio no mueren por eso a 119 años de aquel 7 de diciembre Cuba lo recuerda una vez más sin tristeza, y si con el orgullo de que haya sido nuestro compatriota. 

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