Gema, la hija del Amor

Eran las ocho y treinta de la mañana del seis de enero de 2015 cuando nació Gema, la hija de Adriana Pérez y Gerardo Hernández, uno de los Cinco. Recuerdo que aquella fue la noticia del día. En la televisión y en la prensa digital comenzaron a descubrirse las primeras imágenes del momento largamente esperado por todos.

 

El pueblo celebró el acontecimiento con una alegría indescriptible. Y es que Gema pertenecía también a la gente que por más de 16 años reclamó la libertad de los Cinco antiterroristas cubanos y el derecho al reencuentro de Adriana y Gerardo.

 

Con el nacimiento de la niña se sellaba con broche de oro una singular historia de amor y se dictaban lecciones universales que nos hicieron revaluar el sentido de la familia y la esperanza.

 

Cuando vimos a Adriana con su vientre grandísimo aquel 17 de diciembre abrazada a Gerardo, tras casi 17 años de separación creímos con firmeza en los milagros. Y no precisamente en un poder divino, sino más bien en la fuerza invencible de dos personas que se aman.

 

Sobra decir que fuimos muchos los que apoyamos, alentamos y compartimos la esperanza de Adriana y Gerardo de tener un hijo. Parecía una misión imposible, una utopía irrealizable porque eran demasiado altos los muros impuestos por el gobierno norteamericano.

 

Pero Gema llegó para borrar con su primer llanto y sus miles de sonrisas el largo sufrimiento de sus padres que jamás dejaron de esperarla, de desearla. También para nosotros ella es como el premio bien ganado por haber aprendido a perseverar, a creer, a recordar.

 

Hermosa, tal y como la soñamos, nuestra niña llegó para dar nuevos matices al presente y al futuro. Su presencia es algo así como los fuegos artificiales que iluminan, asombran, despiertan y cantan en medio de la noche y pesar de lo oscuro.

 

Un día ella conocerá cómo llegó al mundo y entenderá por qué sus padres son menos jóvenes que los de sus amiguitos de la escuela, como anunció  Gerardo en aquella carta escrita por él desde la cárcel en el 2001: A mis hijos que están por nacer.

 

Entonces Gema comprenderá que, por sobre todas las cosas, ella es la hija del Amor.