Raúl Hernández

Raúl Hernández Rodríguez es de esos hombres que aún los jaruqueños no olvidan. Nacido en San Antonio de Río Blanco el 30 de septiembre de 1938, fue el mayor hijo del matrimonio de José Hernández y María Aurelia Rodríguez.

 

Con solo 3 años queda huérfano de padre junto a sus dos hermanos, pero la abnegada madre asume la situación para dar crianza a sus pequeños. Con apenas 10, ya Raúl lleva cantinas a los obreros del antiguo central Hershey para de esta forma ayudar a la economía familiar.

 

De muy joven sus ideas se basaron en combatir los injustos maltratos y la opresión hacia los jóvenes de su generación. Con 14 años lo sorprende en la Ciudad Condal de Jaruco el golpe militar del 10 de marzo. A partir de ahí no tardó Raúl Hernández en sufrir en carne propia las injusticias de la tiranía al decidir participar en actos de repudio contra el entonces dictador Fulgencio Batista.

 

Es uno de los fundadores del entonces movimiento 26 de julio en Jaruco. Al participar nuevamente en episodios contra el régimen batistiano es detenido en 1956 y hecho prisionero en el castillo El Príncipe de La Habana.

 

La combatividad en Raúl por una Cuba mejor se muestra una vez más en solidaridad con los asaltantes al cuartel Goicuría, de Matanzas, al participar en un sabotaje en la estación ferroviaria de la localidad. Luego de la acción es apresado y torturado junto a los también jaruqueños Noelio Capote y Tomás David Royo.
 
Tiempo después, durante la huelga del 5 de agosto de 1957 asume la responsabilidad de bloquear el tránsito en la carretera que una a Jaruco con Tapaste. Concluida la acción la vida de Raúl Hernández corre peligro en la Ciudad Condal y se ve obligado a trasladarse hacia La Habana trabajando entonces en una tintorería.

 

Las ansias de ver a su Cuba libre nunca amilanaron al joven por lo que continúa la lucha dentro de un grupo de acción y sabotaje. Es detenido en esta ocasión por los esbirros de Ventura, pierde su trabajo, y decide trasladarse a Guanabo, lugar en el que también continuó sus actividades contra la tiranía. Por sus acciones es hecho prisionero y salvajemente torturado en el cuartel de Campo Florido. La distancia de su ciudad natal no era obstáculo para que este joven dejara a un lado sus convicciones progresistas.

 

Viviendo clandestinamente en los alrededores de Jaruco, Raúl decide llegar a la Ciudad Condal. Para sorpresa de este, encuentra a un conocido torturador del cuartel de Campo Florido. De inmediato se pone en práctica en el revolucionario su espíritu justiciero. En un duelo a tiros en la llamada zona de Pacheco, el esbirro logra ultimarlo, pero también pierde la vida.

 

El suceso conmovió todo el pueblo y en especial a los jóvenes. Su cadáver fue vestido con el uniforme del movimiento 26 de julio. El despliegue de las fuerzas opresoras no se hizo esperar, pero no pudo evitar la peregrinación de los pobladores hasta el campo santo de esta ciudad. Las notas del himno nacional vibraron de los pechos aquel 16 de febrero de 1958. La inquebrantable fe en la victoria y el espíritu de lucha de Raúl Hernández Rodríguez vivirán siempre en el corazón de los jaruqueños.