Luchas independentistas en Jaruco, entre 1895 y 1898

Mucho hemos hablado sobre la historia de la Ciudad Condal San Juan de Jaruco, y hoy nos referiremos al período de las luchas en Jaruco, en la etapa final del siglo XIX, por lo que sí usted es amante de la historia local, acompáñenos.  

 

 

Relata la investigadora Damaris Arencibia, en el texto Historia de Jaruco, que la primera reunión para organizar la guerra de 1895 en esta región fue realizada en el ingenio Averhoff, territorio de Aguacate, y cobró también la primera víctima, cuando uno de los asistentes, Gustavo Sotolongo Lynch, hijo de una familia oriunda de Bainoa y radicada en La Habana, hermano de quien fuera médico conspirador, Vidal y del insigne mambí, Jesús, cayó accidentalmente en una caldera de melaza hirviente, intentando encontrarse con sus futuros compañeros de armas. Gustavo Sotolongo Lynch, fue el primer mártir de la Guerra de 1895 en la comarca.

 

Ese año, una veintena de jaruqueños fueron detenidos y conducidos prisioneros a la capital, para investigar sobre cierta denuncia elevada al Capitán General de la Isla, referente a un próximo levantamiento en Jaruco. Sin que se puedan asentar nombres, quedó el conocimiento mediante cronistas orales, que dos de ellos no regresaron pues fueron remitidos a la fortaleza del Morro y luego embarcados para Chafarinas, archipiélago español, ubicado frente a las costas del norte de África.

 

Cuenta Damaris Arencibia que a mediados de 1895 comenzaron a surgir grupos de insurrectos y en los últimos meses del año, el alcalde de Casiguas informó sobre diversas acciones realizadas en la zona por insurgentes al mando del jaruqueño de 20 años Marcelino Rosquete y de Celestino Chang, de sólo 18, teniendo en cuenta la alarma que provocó la partida al mando del joven de 19 años Víctor Simón quien intentó tomar el poblado.

 

Numerosas partidas de insurrectos surgieron en la zona al mando de Rafael de Cárdenas, José González, conocido como Colunga, además de Ramón Montero, Néstor Aranguren y Raúl Arango. También se destacaron Tomás Valencia, Lino Mirabal, Eleno Ramos, Benigno Miranda, Adolfo Castillo, Francisco Rodríguez Marcelino Rosquete, Celestino Chang y Víctor Simón.

 

El año más activo de la guerra en la región fue 1896. A partir del 31 de diciembre de  1895, se abrió una nueva etapa en la lucha insurreccional recién iniciada. En esa fecha se determinó el plan de operaciones de los tres cuerpos del Departamento Occidental y se reservó la jefatura al Brigadier José María Aguirre, de la Primera División de Caballería que sería organizada en la Habana.

 

También vale que en Jaruco hubiera una Segunda Guerra de Independencia en la localidad. Narra la investigadora Damaris Arencibia, en el texto recopilatorio sobre la Historia de Jaruco que el Comandante General español de la Segunda División en la comarca jaruqueña, del cual por cierto no se conoce el nombre, le envió un telegrama al Comandante Militar de la Jurisdicción de Jaruco, Eduardo Guardado y Corras, máxima autoridad de la Comandancia Número 15 de Jaruco, el primero de enero de 1896.

 

En la misiva le ordenó movilizar al Regimiento de Caballería Voluntarios de Jaruco y remitirle la relación nominal de jefes, oficiales, clases, soldados, voluntarios, caballos y todos los documentos necesarios con fines administrativos. Además, en otra misiva le recomendaba hacer un llamado al Coronel Antonio Vesa Fillart, a organizar al mayor número de hombres posibles para operar dentro de la Provincia.


Como respuesta, se concentraron en Jaruco los voluntarios de caballería. El 2 de enero de 1896, se registraron en Jaruco un coronel, dos comandantes, 18 oficiales y 102 miembros de tropa, para un total de 123 hombres. Mientras esto ocurría en la zona urbana, los mambises tomaron la ofensiva y levantaron los raíles de la vía férrea entre la Ciudad Condal y Bainoa, facilitando con su ruina el avance de las tropas invasoras de Oriente, que marchaban por San Nicolás y Los Palos, rumbo a Güines.

 

Curiosamente, ese mismo día Arsenio Martínez Campos, Capitán General de la Isla de Cuba, dictó dos artículos basados en la Ley de Orden Público, a causa del surgimiento de numerosas partidas de insurrectos armados, en las provincias de La Habana y Pinar del Río, quedando ambas en estado de Guerra y sus autoridades civiles ejerciendo sus funciones y manteniendo al tanto de todos los asuntos al Capitán General.

 

Siguiendo el objetivo de los insurgentes, veinticuatro horas más tarde una columna española entró en Casiguas luego de reducir a cenizas diversas estaciones trenes, en la Provincia La Habana, entre ellas las de Guara y Artemisa.

 

Por toda la región hubo un aumento continuo de insurrectos que se dirigieron hacia las Escaleras de Jaruco, San José de la Lajas y los contornos de Bainoa, Caraballo y Jibacoa, en los días que siguieron, correspondientes a la primera quincena de enero de 1896.

 

Los tramos de ferrocarril entre Jaruco y San Miguel también fueron destruidos. Desde Casiguas se vieron a numerosos insurrectos cruzar hacia Catalina y las lomas de Escaleras de Jaruco y allí las fuerzas mambisas intimidaron a un destacamento de españoles a la rendición.


jose-maria-aguirre-jarucoEl 31 de enero de 1896 el Cuartel General de las fuerzas cubanas, acampó en la finca La Luisa. Allí se incorporó el Brigadier José María Aguirre y el coronel Javier de la Vega, del Estado Mayor, con sus escoltas procedentes de Camagüey. El propósito de los movimientos tan poco estratégicos de los cubanos era intencional, para llamar la atención del enemigo y coadyuvar al triunfo de Antonio Maceo en Pinar del Río.

 

Se desarrolló así el plan ejecutándose diversos ataques, entre ellos, el incendio y la destrucción del ferrocarril y tramos de vía férrea, el servicio  telegráfico, algunas casas de Bainoa y la ocupación de establecimientos dentro del poblado, mientras el destacamento de guardias civiles y voluntarios se reconcentraron en la Iglesia.

 

 Formó parte de la misma estrategia el asalto a Caraballo por Ramón Montero y su gente, quienes peleaban contra los voluntarios a las órdenes de Lorenzo Nadal y Archer. Los atacantes penetraron hasta la mitad del pueblo e incendiaron establecimientos propiedad de algunos miembros del Cuerpo de Voluntarios.

 

El 6 de febrero de 1896, fue nombrado oficialmente el General Aguirre, Jefe de Operaciones de la Provincia de la Habana, y al Capitán Rafael de Cárdenas le ordenaron ponerse bajo sus órdenes, con todos sus hombres y armas.

 

Tres días más tarde, el coronel Vesa envió a un grupo de sus voluntarios a acampar en Tapaste, para vigilar la zona, debido a toda la expectativa creada alrededor del arribo a la Isla del nuevo Gobernador General, Valeriano Weyler, como en efecto, llegó a Cuba, el 10 de febrero, aclamado con manifestaciones de júbilo del partido integrista, de los elementos militares y voluntarios españoles.

 

Pero a Weyler le esperaba otra bienvenida muy peculiar. Antonio Maceo ideó un plan desmoralizador para los peninsulares. Consistió en hacerse sentir dentro del marco de la guerra, con un acto de presencia que hiciera historia  y escogió para ello la comarca mejor defendida: Jaruco.

 

Mientras se hacían los preparativos para asaltar la Ciudad Condal, las partidas del General de Brigada José María Aguirre, al mando de Rafael de Cárdenas Benítez, del Regimiento Habana, ocuparon Caraballo, sobre las seis y media de la mañana del 16 de febrero e incendiaron los establecimientos de Ventura Castro, Fulgencio Rodríguez y Faustino Alonso, integristas españoles y el del Teniente de Voluntarios Antonio Roberts. En el ataque tomaron prisioneros a Servando Díaz de la Portilla, al Primer Teniente Ignacio González y al Sargento Ventura Domínguez.

 

De Caraballo se dirigieron hacia el ingenio San José de los Hermanos Santa Cruz de Oviedo en Bainoa y al potrero de las Cruces, en el que hicieron prisioneros  a su dueño, el Capitán de Caballería don Aurelio Revilla. Posteriormente se encaminaron al ingenio Jiquiabo, en donde atacaron a un pequeño destacamento que los defendía, con seis u ocho voluntarios y algunos integrantes de la Guardia Civil, los cuales se rindieron ante la inminencia de la falta de municiones.

 

Preparando condiciones nuevamente, para que el Ejército Libertador quedara sin amparo Weyler, dictó una circular el 16 de febrero en la que disponía el desalojo de los dueños de comercio en los campos y advertía que los jefes de columnas tomarían medida ante aquellos que incumplieran sus dictámenes.

 

Entre tanto, fuerzas del regimiento de Asturias de la Habana, combatieron contra los mambises comandados por Aguirre en los Montes de Molina, Casiguas, a tres leguas aproximadamente de Jaruco. Hubo bajas de ambas partes. La zona fue escenario de varias batallas como estas y de otras mucho más nombradas como el asalto e incendio de Jaruco, la noche del 18 de febrero de 1896.

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