Contrabando y emigración en Boca de Jaruco por los años 30

No es un tema nuevo para nadie la crítica situación económica imperante en Cuba durante la tiranía de Gerardo Machado, en la década de 1930 del siglo pasado. Imaginemos las dificultades que sufriría un pequeño pueblo de pescadores apartado e incomunicado como Boca de Jaruco.

 

En aquellos tiempos, Boca de Jaruco no era el pueblo que es hoy. Era un barrio de unas cuantas casas de madera de palma y techo de guano situado a la orilla izquierda del río que le da nombre y habitado principalmente por pescadores que vivían en una miseria deprimente, prácticamente aislados de otras poblaciones pues todavía no existía la Vía Blanca y se trasladaban a Santa Cruz del Norte atravesando un puente de madera sobre el río y tomando después por un camino intrincado que bordeaba las lomas. A veces tenían una buena pesca y no encontraban a quién vendérsela. Era un lugar de difícil acceso, pero muy bello, sobre todo visto desde el mar.

 

Aunque los tratados azucareros de 1927, 1929 y 1931, que limitaban unilateralmente la producción nacional, fueron los más perjudiciales para la economía cubana, el "Tratado del Ron", dirigido a reprimir el contrabando de bebidas alcohólicas hacia Estados Unidos, que existía desde comienzos del siglo durante la Ley Seca, fue el primero de los gestos de sumisión mediante los que la tiranía machadista procuró congraciarse con el gobierno de Washington.

Para cumplir los compromisos contraídos por el "Tratado del Ron" el gobierno llegó a enviar naves del Servicio de Guardacostas a impedir el tráfico de alcohol, ron y aguardiente por Santa Cruz y Boca de Jaruco.

 

Y precisamente el contrabando y la emigración ilícita de personas hacia los Estados Unidos eran las dos vías que tenían los boquijaruqueños para tratar de escapar de la miseria.

 

El Puesto de la Marina de Guerra instalado en el Fuerte San Dionisio, de Boca de Jaruco, no hizo nada por congraciarse con la población local que vivía de este trato, y de la conducción igualmente ilegal de emigrantes clandestinos a los EEUU.

El contrabando continuó, pero ocurrieron agresiones a pescadores, ataques en alta mar y otras molestias.

Un testimonio fehaciente de la vida en este período es la novela "Contrabando", de Enrique Serpa, donde se describe plásticamente Boca de Jaruco como "...un caserío en mortal abandono mordido por la pereza y la roña".

 

Y de sus habitantes, comentan los personajes de la mencionada novela: "---Viven como animales...El cochino y el muchacho revueltos.¡Yo no se como no se mueren!...---Viven como pobres, aunque para muchos no hay diferencia. Animales o pobres ¡Que más da!"

 

Eran razones más que suficientes, para que la oposición al régimen de Machado se iniciara en esa zona casi desde el inicio de la dictadura.

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