“¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!”

Así dijiste al asesino, uno de ellos, cuando entró tembloroso fusil en mano…que coraje Ernesto, hasta en la muerte los venciste, que firmeza, que convicciones…y así entró a la historia, como uno de los días más infames, el 9 de octubre de 1967.


Fue tan grande el Che Guevara en vida como lo fue en la hora de la muerte, es el mismo Mario Terán (sargento boliviano que asesinó al Che) quien cuenta: “…Ése fue el peor momento de mi vida. Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme dijo: «Usted ha venido a matarme».

 


Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Entonces me preguntó: «¿Qué han dicho los otros?». Le respondí que no habían dicho nada y él contestó: «¡Eran unos valientes!». Yo no me atreví a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. «¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!». Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto.”


Así transcurrieron los últimos instantes de la vida de Ernesto Guevara de la Serna, uno de los paradigmas revolucionarios más importantes del siglo veinte y el veintiuno. Ernesto Guevara murió fiel a sus ideales, fiel a su ejemplo y se mantuvo valiente, enérgico e inquebrantable hasta su último aliento de vida.


El Che había sido apresado un día antes, el 8, con sus 17 hombres fueron sorprendidos en el combate de Quebrada del Yuro, Guevara fue herido de bala en su pierna izquierda, su fusil quedó sin balas, y fue hecho prisionero junto con Simeon Cuba “Willy” su nombre en la guerrilla, y trasladado a La Higuera donde fueron recluidos en la escuela, en aulas separadas.


Donde colocaron al “Guerrillero Heroico” estaban también algunos de sus compañeros, muertos ya, y también sería recluido allí al día siguiente sin vida, Juan Pablo Chang. Entre las pertenencias secuestradas por los militares estaba el Diario que el Che llevaba en Bolivia.


El Capitán boliviano Gary Prado, hoy exgeneral, era el operativo que capturó al Che y al inicio le comunicó que sería llevado a Santa Cruz para un juicio militar, algo que nunca sucedería.


La Agencia Central de Inteligencia tenía contactos directos con el gobierno boliviano y a varios agentes de campo en la persecución del Che, hasta la Higuera llegó Feliz Rodríguez Mendigutía, lastimosamente un cubano, y fue él quien en comunicación directa con el General René Barrientos, dictador boliviano, y la CIA, dio la orden de ejecutar al Che.


El 9 de octubre por la mañana el gobierno de Bolivia anunció que Ernesto Guevara había muerto en combate el día anterior. Una gran mentira que les daba tiempo para decidir que hacer con el Che y estudiar la reacción a la noticia.


Eran la una de la tarde, el agente de la CIA Félix Rodríguez ya con la orden dada por el Presidente Barrientos de ejecutar al Che Guevara, y contando con la aprobación del gobierno de Estados Unidos, todo se preparó para el asesinato.


Félix Rodríguez recibió la orden de fusilar a Guevara y la transmitió a los oficiales bolivianos, él fue el primero que le comunicó al Che Guevara que sería fusilado, pero antes lo sacó del aula y le interrogó y se tomó varias fotos, las últimas con vida del Che, querían exhibirse con su trofeo los brutales asesinos.


Con un cinismo tal Félix Rodríguez refirió: “Me dirigí al Sargento Terán que sabía que estaba siendo de ejecutor de todo eso. Le dije, sargento hay instrucciones de su gobierno de eliminar al prisionero. Me puse la mano al nivel de la barbilla. No le tire de aquí para arriba, tírele de aquí para abajo pues se supone que este hombre haya muerto de heridas en combate...”


Así a la una y diez de la tarde, el sargento Mario Terán entró en el aula de la Higuera, tembloroso y con algunos tragos de ron en los que buscó el coraje para asesinar al Che.


Y se encontró con ese gigante, enorme en la hora de la muerte, ese Che Guevara que a 50 años de su asesinato sigue más vivo que nunca, siendo ejemplo y guía para los pueblos del mundo. Hoy el Che vive, y vivirá mientras quede una personad e bien que luche contra la injusticia, y defienda al oprimido. Paradigma mundial, está junto a  nosotros y nosotros seguiremos con él Hasta la Victoria Siempre.

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