Opinión

Salvemos al Martí del parque.

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Desde pequeño a todo cubano se le enseña a honrar a Martí, da igual si eres de derecha o izquierda, si defiendes, o no, el proceso revolucionario. El apóstol tiene la grandeza de ser hombre universal, de simbolizar los más puros ideales de quienes aman a Cuba sin distinción de filiación política.

Por eso me llamó poderosamente la atención cuando mi amiga Zoila comentó: A Martí lo están aguijoneando, no sé cómo aguanta el pobrecito.
Pregunté si había una nueva campaña en redes sociales, o memes con la desclasificación de algún pasaje de la vida personal del Apóstol, en definitiva, más allá del héroe, Martí también fue, como todos nosotros, un humilde mortal.
¡Nada de eso! – vociferó Zoila. Es el Martí del parque de Jaruco, ese va a morir a pelotazos en cualquier momento.
Enseguida comprendí. Es el tema tantas veces tratado en la emisora, el uso, cuidado y respeto de los espacios públicos, una asignatura pendiente en Jaruco.
El parque José Martí, todavía presume su maltrecha belleza a pesar de algunas palmas sin pencas por el efecto de los rayos, farolas deterioradas en desuso y bancos de granito víctimas de la depredación humana. Aun así, la otrora Plaza de Armas continúa, junto a la Iglesia y la añeja cárcel devenida museo, develando para la posteridad el trazado arquitectónico original semejante a las primeras villas y dando fe del título nobiliario de Ciudad Condal a punto de cumplir 254 años.
El monumento al Más Universal de Los Cubanos, desde hace tiempo y a pesar de las reiteradas llamadas de atención, recibe cada tarde andanadas de pelotazos en el parque que lleva su nombre. Paradójicamente el también universal futbol y algunos de sus aficionados practicantes, en lugar de venerarlo aportan a su destrucción. Sin el más mínimo atisbo de patriótica emoción lo toman de portería y por si eso fuera poco, marcan el improvisado terreno con pedazos fracturados de los bancos originales.
Los jóvenes que allí se reúnen pasaron hace años la edad de la inocencia. Ante las llamadas de atención algunos padres esgrimen justificaciones como la falta de espacios de calidad para la recreación, la necesidad de escapar del apagón, la nula presencia de acciones que penalicen la indisciplina desde la oficialidad y hasta fallas en la enseñanza de la historia en las escuelas.
Los argumentos son válidos para lograr una ciudad mejor, pero nada, absolutamente nada justifica la ausencia de valores que la familia debe inculcar si pretendemos criar hijos decentes y aptos para vivir en el civismo.
Los valores nos fortalecen, nos ayudan a trazar un camino para el futuro capaz de no torcerse cuando la vida se encarga de ponerle baches.
El Martí del parque de Jaruco debe continuar en su sitio, honrado como se veneran a los próceres de cualquier país. A todos los jóvenes de Jaruco y sus familiares los invito a que investiguen sobre la historia del monumento sufragado por los aportes de maestros de nuestra localidad, sepan que fue tallado por uno de los más grandes escultores cubanos y develado por el propio hijo de Martí, el Ismaelillo, en enero de 1939.
Jaruco, pese a su aparente austeridad, tiene mucha historia para contar, enorgullecerse, cuidar y respetar tomando como guía la frase grabada en la parte baja del monumento al Apóstol y que dice:
Ser bueno es el único modo de ser dichoso
Ser culto es el único modo de ser libre.

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