Opinión

Que tu hijo no sea el acosador

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Yahilka Hernández
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El bullying tiene dos caras: por un lado, están las víctimas y por el otro, los victimarios. En el ámbito escolar, este fenómeno puede evidenciarse como insultos constantes, burlas por el aspecto físico o la condición socioeconómica.

Mucho se habla del impacto negativo que tiene el acoso sobre los niños, pero ¿Qué pasa cuando tu hijo es el acosador?

Dedica parte de tu tiempo a observar la conducta de tu hijo cuando está rodeado de sus amigos. Existe más de una señal que puede indicarte si es víctima o victimario de acoso escolar. Por ejemplo: la falta de empatía, la desobediencia extrema de las reglas, si no suele sentirse culpable de algo que ha hecho mal, si ejerce poder sobre sus compañeros para hacer su voluntad o si emplea la violencia como su principal herramienta cuando quiere algo.

Darse cuenta de que tu hijo está actuando como acosador es una situación difícil y preocupante para cualquier padre, por ello es importante abordar este problema de manera seria y efectiva, primero, con la finalidad de entender cuáles han sido las razones para desarrollar estas conductas, y luego, trabajar para que el menor pueda aprender otras saludables y respetuosas.
Por lo general un niño acosa para obtener reconocimiento de un grupo de amigos, para controlar al resto del grupo, porque no cuentan con herramientas para desenvolverse de una forma diferente en sus relaciones sociales o porque vive una situación complicada dentro de su hogar. Este último, sobre todo, es uno de los principales factores de riesgo que propicia que un niño o adolescente se convierta en acosador. Si en casa el niño vive rodeado de violencia física, verbal o psicológica aumenta la probabilidad de que muestre estas conductas. De ahí aquella frase popular de que los hijos hacen lo que ven.

Otros componentes que contribuyen al desarrollo de conductas agresoras son padres y madres que no establecen límites claros, manifiestan deficiencias en la enseñanza al respeto de normas y tienen un escaso control hacia los hijos.

Por otro lado, la exposición a la tecnología, las redes sociales y todo el contenido violento y explícito que consumen los menores en la actualidad también influyen, al igual que la presencia de trastornos de personalidad, del estado de ánimo y los problemas de autoestima.

Padres: cuando sean conscientes de que su hijo acosa a otro, actúen. Primero, analicen la situación, para ello es importante que sepan mantener la calma, reflexionar para construir una solución y sobre todo, comunicarse.

Pregúntenle para saber su versión y háganle saber, adecuadamente, que su comportamiento es inaceptable y no puede tolerarse. Es muy importante que asuma la responsabilidad de los hechos y gane empatía hacia la víctima, que se pregunte: ¿Cómo puede sentirse luego de ser acosado?

No justifiquen su conducta. La violencia nunca es una opción. Entren en contacto con la escuela no solo para estar informados, sino para que desde allí también se trabaje en función de erradicar el mal.

Investiga por qué se ha comportado así y, en caso de necesidad, busquen ayuda.

Una situación de acoso prolongada y sistemática, puede desarrollar en la víctima cuadros de estrés agudo, ansiedad, depresión, consecuencias que con el tiempo se pueden agravar y desencadenar una situación aún peor. A tu hijo, no le pierdas el rastro. Mantén la comunicación para que él no sea la víctima, pero que tampoco se convierta en el acosador.

 

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