Opinión

Aquí el que más fino sea…

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La reciente polémica entre defensores y detractores del término asere me hizo volver a Nicolás Guillén y su Canción del Bongó: “Aquí el que más fino sea repica si llamo yo…”

Muchos asocian el término con un conjunto de monos mal olientes, pero la Academia de la Lengua Española lo recoge en su Diccionario de Americanismos como sinónimo de amigo íntimo o compañero inseparable.

“Siempre falta algún abuelo cuando no sobra algún don. Y hay títulos de Castilla con parientes en Bondó…”

La palabra asere llegó a Cuba desde el otro lado del océano, pero de África y no de España y se coló en muchos espacios de la vida nacional, a pesar de ser considerado un término vulgar.

La forma en que hablamos y empleamos el idioma es una de nuestras primeras cartas de presentación y dice mucho de quienes somos. ¿Por qué avergonzarnos entonces de emplear términos populares, esos que vienen de nuestras raíces? Hay una gran diferencia entre lo popular y lo vulgar u ofensivo.

“Vale más callarse amigos y no menear la cuestión porque venimos de lejos y andamos de dos en dos. ”

El beisbol sin querer ayudó al asere a escalar, a tal punto, que ahora cobra nuevos significados.

Inevitablemente traspasó nuestras fronteras y se internacionalizó.  Para buena parte del mundo, un asere es un cubano, así como un argentino es un Che y un mexicano, un chaparrito.

Poco a poco se ha convertido en reflejo de la idiosincrasia, de la hermandad que califica al cubano y no estará lejos el día en que hasta los más encarnizados defensores del más puro castellano,  tapen su boca cuando descubran que se les escapó un asere.

“Habrá quien llegue a insultarme, pero no de corazón. Habrá quien me escupa en público cuando a solas me besó. “

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