Opinión

Cuando el corazón se empeña (+ Video)

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Sergio Falcón junto a su grupo de Tai Chi

Quienes tenemos el placer de vivir cerca de Sergio Falcón, estamos acostumbrados a verlo pasar cada tarde por la acera, con su pulóver blanco y su gorra, pisando con cuidado cada resquicio, con la advertencia perenne de su hija de caminar despacio.


Este jaruqueño de 88 años pasa sus tardes rodeado de mujeres, excepcionales y vigorosas, quienes hacen del arte marcial milenario del Tai Chi una forma de vida.

Sin embargo, Falcón hace semanas que está ausente del grupo. La edad y sus achaques lo mantienen en casa, bajo la mirada atenta de su familia. Extraña la calle, saludar a los vecinos que encuentra, sentirse libre y hacer ejercicios, pero, sobre todo, las extraña a ellas.

Ayer, este pícaro jaruqueño recibió una sorpresa, las chicas del Tai Chi invadieron su casa en una mezcla de algarabía y nostalgia, actualizando los chismes de último momento y dedicando, en forma de verso, un tiempo para cada integrante de esta gran familia.

Esta admirable tropa, es más que un conjunto de personas unidas por el deporte, es una mezcla de personalidades con lazos fuertes, un grupo de apoyo que crece, llora, se emociona y aprende junto.

Todos se benefician del amor que profesan, no solo sus miembros. Amarilys, hija de Falcon, contempló la escena con lágrimas, orgullosa de su padre por cultivar esa lealtad y agradecida por la sonrisa de Sergio, y la inyección de vida que muestra el brillo de sus ojos.

La espontaneidad jocosa del encuentro, el calor humano y la tranquilidad de saberse amado, no tiene precio alguno. El club de los 120, como algunos llaman a este grupo, demuestra que mucho se puede lograr cuando el corazón se empeña en, simplemente, brindar amor.

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