Fotorreportajes

Momentos del parque Martí (+Fotorreportaje)

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Cuando hablamos en términos de uso público sobre el Parque José Martí de Jaruco, hay mucha historia que contar.


El espacio donde hoy se ubica, durante la Guerra de Independencia, fue escenario de la Toma e incendio de la Ciudad, la noche del 18 de febrero de 1896 por tropas del General Antonio Maceo.

 

El emblemático parque, eje del Centro Histórico de este pueblo, y que otrora fuera la Plaza de Armas de la Ciudad Condal, favoreció el desarrollo de actividades comerciales, políticas y sociales durante la colonia y la república neocolonial. Con el triunfo de la Revolución acogió desfiles, marchas de las antorchas y la celebración de otras efemérides nacionales y locales.

Se conserva como valor patrimonial de la urbe y resguarda, hasta hoy, un monumento al Apóstol. Esta joya de bronce fundido, quedó inaugurada el 20 de mayo de 1939, fruto de la iniciativa y colecta pública de maestros jaruqueños. Se cuenta que el propio Ismaelillo develó el busto aquella mañana.


En este céntrico lugar se reunían niños para disfrutar de sus juegos, los jóvenes paseaban, y los mayores podían entablar charlas sentados en los bancos de mármol, mientras el sol acariciaba la Iglesia justo antes del anochecer.

En la actualidad los usos del parque José Martí se han diversificado tanto que cuesta imaginar su esplendor de antaño, y mucho menos lograr en él un rato de sosiego. Bancos rotos, animales pastando, ciclomotores. La apropiación indebida de este espacio público comienza a apuntar en di­recciones que, de mantenerse, tendrán mayores consecuencias.

Los espacios públicos son responsabilidad de todos. Para afrontar el problema, urge apelar a la familia, la escuela y las instituciones responsables de velar por la salvaguarda del patrimonio. El discurso verbal resulta estéril cuando faltan acciones concretas. Deben socializarse las regulaciones establecidas, y aplicar las medidas que correspondan.

 

Por último, propongo entrar en reflexión personal, sobre los beneficios de preservar los valores éticos y estéticos que nos definen como pueblo. Hagámoslo desde la frase del Maestro:

“SER BUENO ES EL ÚNICO MODO DE SER DICHOSO, SER CULTO ES EL ÚNICO MODO DE SER LIBRE”.

Vea además : Luces y sombras (+Fotorreportaje)

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